El libro tiene dos secciones: la primera, originalmente escrita en árabe y la segunda, en persa. El lector fícilmente percibe que el tema de las dos secciones y la forma en que están dispuestas son similares, aunque hay otras diferencias además del idioma. La parte árabe es más corta que la persa, veinticinco páginas en comparación con cuarentiuna, es más sencilla, directa, definida, ética, y la otra más personal, atractiva, mística, poética. Todos los versos árabes son dirigidos al "Hijo", los persas son muy variados: "Oh Sombra Fugaz", "Oh Moradores del Supremo Paraíso", "Oh Esencia del Deseo", "Oh Compañero de mi Trono", "Oh Ricos de la Tierra", "Oh Vosotros Pueblos del Mundo", "Oh Opresores de la Tierra", "Oh Emigrantes", "Oh Maleza que Brotas del Polvo" y muchas otras frases contrastadas. Los versos árabes son dirigidos a individuos, con la excepción de los números 66, 68 y 69; la sección persa tiene treinta y tres dirigidos a grupos. El tono del Autor es distinto en las dos partes: el escritor en árabe es un maestro amoroso, en persa, un amante que enseña. La sección persa se refiere más a la Manifestación en sí, por ejemplo en los versos 15, 16, 17, 23, 24, 29, 34, 35, 45, 46 y 52; y a eventos históricos como en los versos 19, 63 y 71. No obstante, el prólogo a la parte arábiga describiendo la naturaleza del trabajo, es también aplicable a la parte persa: "Esto es lo que ha descendido del reino de gloria, proferido por la lengua de la fuerza y del poder y revelado a los Profetas de antaño..." Y el epílogo al término de la sección persa se aplica igualmente a la sección arábiga. Además, los versos que componen el libro, ciento cincuenta y tres, están tan entrelazados y dependientes que forman un todo integrado.
Obviamente, Palabras Ocultas es una de esas obras que solo puede ser interpretada por la experiencia personal e incluso comunal. Nosotros, los del crepúsculo espiritual, quienes todavía nos hallamos mas bien en el lado oscuro; que heredamos la tradición general de duda y adoración al becerro de oro, no podemos penetrar el significado profundo de estas Palabras Ocultas, ni lograr la
perspectiva de la vida y del universo que ellas inculcan.
Han de pasar años y generaciones hasta que el hombre pueda liberarse de las cadenas con que ha ligado su alma y recuperar la perspicacia perdida por la prolongada falta de uso.
En su primer verso, Palabras Ocultas define la verdadera meta suprema de la vida terrenal del hombre, e indica la manera de cumplirla, esto es, mediante la apropiada disciplina de la voluntad y la emoción. Jesucristo Se refirió al mismo propósito en la Parábola de los Talentos cuando el Señor dijo a su fiel siervo: "Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré." (3) En otra parte de Palabras Ocultas (4) dice que la meta y esperanza del hombre es "alcanzar el dominio sempiterno de Dios y llegar a merecer sus dádivas invisibles"; revestir el alma con la unidad y eternidad divinas que Dios ha creado para los hombres, y así ser para toda la eternidad la revelación de su ser eterno"; "reconocer que el hombre se hizo para Dios; o sea, su lengua para la mención de Dios, su corazón para el descenso de Dios, su espíritu el lugar de la revelación de Dios"; "amar a Dios para que el amor de Dios le pueda alcanzar; (5) que Dios pueda nombrarle y llenar su alma con el espíritu de vida"; y "entrar sin demora en el Paraíso del amor de Dios, el hogar celestial de la reunión con Él". Todas estas metas son internas, espirituales, se refieren a una relación particular con Dios; y una vez alcanzadas, son seguras, ciertas, inalienables, eternas. El lugar que el hombre gana así, es "antiguo"; es una parte del sistema universal y fue implícito en la creación del hombre: mediante su esfuerzo llega por fin a lo suyo. De ninguna manera es material y por lo tanto no puede disolverse. Es real a la vista del Profeta y por eso, permanente; según las enseñanzas de las Palabras Ocultas nada que no sea permanente merece el esfuerzo del hombre inteligente.
Aunque el objetivo es expresado en lenguaje figurativo, no es menos definido. Cuando se le preguntó a 'Abdu'l Bahápor qué los mensajeros hablan así, se dice que él respondió: "las revelaciones de los Profetas nunca pueden ser traducidas adecuadamente, debido a la pobreza e imperfección de nuestro lenguaje. Sus pensamientos son tan elevados que las mentes humanas no los comprenden. Ello explica el uso del lenguaje alegórico: las parábolas hacen meditar a los hombres y les hacen orar pidiendo iluminación, para que puedan entender el significado oculto. Buscar la verdad profundiza la capacidad del hombre y clarifica su visión, sin engendrar el orgullo intelectual."
Con gran poder y en cien imágenes de suma belleza, Palabras Ocultas muestra que la Soberanía, Dominio, Reunión, Unidad y Vida fueron partes del original Diseño Creativo de Dios; como en los versos arábigos 3, 4, 9, 10, 11, 12, 13,19, 32, 64, 65 y en los versos persas 23, 27, 28, 29, 30, 34.
Explica qué es el hombre y cómo fue creado; revela que Dios, siendo aún un tesoro oculto, velado en su ser inmemorial y en la eternidad antigua de su esencia, conoció su amor por el hombre y por lo tanto lo creó. Entonces no fue su amor, sino el conocimiento de este amor que motivó a Dios en su tarea creativa. Esta verdad profunda y m?stica encuentra su paralelo en el mandato (del árabe 10),
"Mi amor está en ti; conócelo". Y más remotamente se refleja en la tradicional clasificación de los "ángeles" en nueve órdenes, siendo los más elevados los serafines, ángeles de conocimiento y sabiduría y en segundo lugar los querubines, ángeles de amor.
Este amor es la fortaleza del hombre; cuando la reconoce y entra en ella, está protegido del error y la muerte, y está seguro para siempre. El hombre es la lámpara de Dios, hecha para derramar la luz de Dios mismo. Fue creado de la arcilla del amor y le es dada la existencia por la esencia del conocimiento. Es el dominio de Dios y no perece; es la luz inextinguible de Dios. Dios le hizo aparecer del desierto de la nada y ha decretado para su educación todo átomo existente y la esencia de todo lo creado. No hay paz ni descanso para él salvo en la sumisión a Dios; no hay razón para la tristeza, salvo en el alejamiento de Dios, ni alegría, salvo en la cercanía a Él. Hasta que el hombre no ame a Dios, permanecerá separado de Él, lejos del Paraíso, insatisfecho, sin descanso, más allá del alcance del amor de Dios. Pues el hogar de Dios es el corazón del verdadero creyente; el hogar del hombre es la Reunión con Dios.
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